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La desconocida estructura de la histeria
Categoría: Enfermedades/Vida sana
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Enfermedades/Vida sana

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La desconocida estructura de la histeria




¡Cállate, histérica!



Una serie de malentendidos rodea a esta forma de entender el mundo. No es un ataque de nervios ni una enfermedad mental, aunque puede volverse patológica. Tampoco afecta sólo a las mujeres y puede ser tan sutil como la excesiva coquetería. La próxima vez que use la palabra histérica para descalificar, considere lo siguiente.



Por Beatriz Burgos



A toda mujer le han gritado histérica alguna vez. Quien dispara esta palabra pretende insultar con lo que la ignorancia popular define como un ataque de nervios, un exabrupto emocional, lágrimas o gritos repentinos. Y supone también que se trata de un fenómeno “propio de minas”. Al menos eso repite la gente, y como se ve, los hombres en particular.



Por ejemplo, de antología fue la opinión de Hermógenes Pérez de Arce ante la posibilidad de que Michelle Bachelet o Soledad Alvear pudieran ser presidentas de Chile. “A estas señoras, por ser tales, no las veo capacitadas para que no les dé el tiritón de piernas en momentos de crisis (…) para no llorar cuando hay que mantener la presencia de ánimo. ¿Tú sabes de dónde viene la palabra histerismo? Viene de hyster (útero en griego), ¿no es verdad? ¡Entonces!”, dijo recientemente a revista Caras.



Error. La histeria no son sólo contorsiones o temblores, ni respuestas destempladas. Tampoco es exclusiva de las mujeres, de hecho la proporción con los hombres es similar.



La histeria no es una enfermedad ni un trastorno mental, es una estructura de personalidad, una manera de entender el mundo, ni mejor ni peor que la de neuróticos, depresivos u obsesivos. Y tampoco está relacionada con el nivel intelectual. Por eso, precisar de qué se trata y mensurar sus efectos requiere necesariamente de un repaso a la historia de la histeria.



Todo comenzó con un malentendido. Antiguamente las enfermedades sin explicación aparente, generalmente observadas en mujeres, eran atribuidas a la sequedad del útero, hyster en griego. De ahí el concepto de histeria, y la equivocada asociación con la falta de sexo que se le atribuye a las histéricas.



Los antiguos creían que era el útero el que, ante la falta de fluidos, se trasladaba por el cuerpo de la paciente hacia lugares más húmedos, como la zona del corazón. Por eso la compresión del pecho o las taquicardias que decían sentir las enfermas, y la fantasía que asocia histeria y mujeres.



Fue a fines de 1890, con las investigaciones del médico francés Jean Martin Charcot, que la histeria logró ser disociada de un desorden netamente fisiológico. Mediante la hipnosis, este precursor de la neurología logró distinguir que estas pacientes desencadenaban singulares síntomas como contorsiones o tics nerviosos por causa sicológica. “Los movimientos no tienen que ver con espasmos musculares, sino con movimientos ilógicos que ocurren en forma inadecuada. También se manifiesta en términos de vocabulario, muchas veces las pacientes hablan como niñas, y ejecutan movimientos altamente eróticos. Lo más importante es que hay una suerte de pérdida de conciencia del evento, como que no importara lo que había acontecido. Eso se llamó la belle indeference”, explica el psicólogo Felipe Gutiérrez.



Es Charcot quien observa que pareciera que el paciente actúa a voluntad síntomas tan curiosos como que un brazo deje de moverse, ceguera repentina o un cuello flácido. De ahí la imagen de que el afectado actúa un papel, con un talento histriónico excepcional, sin parecer estar consciente de ello.



Gutiérrez recuerda una vez que lo invitaron a tomar té y presenció una escena de esta “bella indiferencia”. En el grupo había una muchacha de 18 años que, en vez de usar una taza, sacó una mamadera que succionó con fruición. “Era inevitable no preguntarle por qué lo hacía. Su respuesta fue lo de menos, porque siguió tomando ‘papa’ sin que manifestara ninguna extrañeza por su comportamiento”, ejemplifica.



Esta sutileza en los síntomas gatilló desde entonces una enorme discusión acerca de qué era la histeria en realidad. Hasta que Freud le dio forma a la técnica de la terapia, analizando a estos pacientes a través de la palabra. Así las cosas, dio con el quid de la dolencia. “Un recuerdo traumático es olvidado, pero el sentimiento y la emoción de ese recuerdo sigue dando vueltas y queda ligada a un aspecto físico. La idea es que, si podemos recordar y reelaborar ese evento traumático, esa emoción se va a desenganchar de la extremidad o lo que sea fisiológico”, explica el psicólogo.



Pero claro, estos casos son extremos. Lo curioso de la histeria es que tiene un lado más sutil, menos evidente quizás. Gutiérrez explica que la estructura de los histéricos tiene como centro un rasgo original: la seducción. “La figura de ‘calentar el agua y no tomarse el té’ es típicamente histérica. Lo que moviliza a la histeria no es el acto mismo, es el proceso del acto. No es la consumación de un acto sexual sino la incitación a él, es generar el proceso de seducción y tener la posibilidad de conseguirlo, pero no necesariamente hacerlo. Uno podría decir que la relación histérica es una permanente promesa que no se cumple”, puntualiza.



¿Le parece familiar? Efectivamente, una mujer histérica suele vestirse provocativamente. Mucho escote y harta pierna al descubierto. Y aunque pueden no ser necesariamente hermosas, sí son atractivas, porque de hecho necesitan validarse en los otros. Dicho de otra forma, demandan atención a través, por ejemplo, de lo que se entiende como desborde emocional o reacciones emotivas inadecuadas.



Entonces, no se dan cuenta de que llevan una mini cortísima y que todo el mundo la observa. O no se percatan de que están gritando. Y no es broma. Efectivamente no están conscientes de eso. Además, cultivan un estilo de relación con los hombres que posibilita la conquista o la intimidad, en mero afán de seducir. Por eso suelen tener muchos novios. O quedarse solteras, porque repiten el patrón sistemáticamente durante toda su vida. En el caso de los hombres, la figura del galán que nunca se compromete, y que es promiscuo, habla también de un resorte histérico.



Y claro, eso no es un problema. De hecho, es bastante común. La diferencia está cuando esa forma de relacionarse con el mundo provoca problemas sociales. “En ese sentido las personalidades histéricas están muy conectadas con sus requerimientos y necesidades. Cambian mucho de look, su ánimo o incluso su discurso. Antes se denominaba capricho a estas manifestaciones. Se les llamaba mujeres caprichosas”, explica Gutiérrez.



El psiquiatra Gustavo Quijada, jefe del programa de adicciones y miembro del equipo de psiquiatría del Instituto Neurosiquiátrico de Chile, precisa que dentro de su propia especialidad se ha producido un debate en torno a la histeria. Incluso existen, explica, grandes detractores que dicen que la histeria es un invento, meros síntomas, que no debieran ser considerados en los manuales médicos. Mientras otros especialistas sostienen que no se puede entender esta estructura, sino según modelos sicológicos.



Independiente del enfoque, para Quijada lo primero ante un caso de histeria severa es descartar que los síntomas físicos no respondan efectivamente a una dolencia orgánica. Y si hay que hacer chequeos y análisis exhaustivos, mejor. Lo segundo es aliviar los síntomas, para luego ayudar, con asistencia terapéutica, para que el paciente comprenda cuál es el mecanismo que gatilla su mente. “La psiquiatría ayuda con los síntomas y la angustia, mientras que la sicoterapia permite que la persona deje de expresar de esa manera el conflicto”, precisa.



Respecto de la estructura de personalidad, y no los casos severos, el psiquiatra precisa que todos los mortales usan mecanismos histéricos. “Algunos los tienen más al alcance de la mano, de hecho el juego de la seducción en la pareja es bastante histérico. Lo podemos usar en forma normal, o muy leve con el flirteo y la coquetería de la pareja. Pero hay otras personas donde este mecanismo se vuelve patológico, les provoca sufrimiento y los pacientes no pueden actuar de otra manera”.



Según Quijada, los tiempos actuales también tendrían algo que ver con la histeria. “El mecanismo histérico sigue siendo el mismo, pero la forma de manifestarse ha variado. En tiempos de Freud la histeria era el desmayo, todo muy histriónico, pero hoy se plantea con síntomas más cognitivos como amnesia o negación de la condición”.



Para Felipe Gutiérrez, en cierta forma la histeria actualmente enfrenta condiciones de especial auge. “Hoy en día sólo tienes que parecer agradable, simpático o deseable. No serlo, sino parecerlo, tal como actúa la histeria. El mecanismo está validado socialmente. Y como se trata de personalidades que no son inhabilitantes para funcionar socialmente, es menos detectable”.



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